Una superproducción musical épica y fotorrealista que narra la historia completa de José (Génesis 39-47) cantada en primera persona. Un viaje desde la miseria del pozo en Canaán y la prisión egipcia, hasta el trono del Faraón y el abrazo del perdón. Voz desgarradora en castellano, orquestación cinematográfica y puro TRIGO LIMPIO.
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Acto 1
Acto 2
DATOS TÉCNICOS Y LETRA OFICIAL Compositor: La Biblia Cantada /AMAsong Base Bíblica: Génesis 39 – 47
Letra y diálogo:
Mi nombre es José y esta es mi historia. Mis propios hermanos me tiraron a un pozo oscuro en Canaán por pura envidia, y mi hermano Judá me tasó en 20 monedas de plata. Me arrastraron encadenado a Egipto como mercancía y terminé sirviendo como esclavo en la casa de Potifar. De ser el hijo amado, pasé a no ser nadie en una tierra extraña… pero Dios no me abandonó.
En la casa del egipcio yo intenté ser fiel, ocultando mis dolores bajo mi piel. El Señor estaba conmigo en la oscuridad, me dio gracia ante mi amo y prosperidad.
Pero el fango del pasado nunca se limpió, y la sombra del dolor pronto regresó. Los ojos de su esposa me buscaban con ardor, ofreciendo en mi cama el veneno de su amor. Día tras día acechaba mi colchón, intentando arrastrarme hacia la perdición.
Me agarró de la túnica la ramera, lo inmundo, gritando que pecara con ella en lo más profundo. Pero yo no traiciono al Dios que me guardó. Escapé sin túnica y descalzo aunque ya me acusó la mentira de esa mujer, mi destino selló y el cerrojo de la tinto sobre mí cayó.
Y volví al muro de la prisión, olvidado por los hombres, rota toda ilusión. Pasaron los años en el pozo del olvido, viendo los días pasar como un suspiro. Pero el cielo vigila, el cielo no falló, y una noche el faraón con la muerte soñó.
Me sacaron del fango, me lavaron la piel, me plantaron ante el hombre que gobierna hasta donde puedes ver. Él vio siete vacas gordas devoradas por siete flacas, siete espigas secas que al trigo machacan. Nadie en su corte sabía responder, y el faraón temblaba al ver su imperio caer.
Y le miré a los ojos y le grité al rey: Viene el hambre del mundo, se quiebra la ley. Siete años de gloria, siete años de muerte, dame las llaves de tu granero si quieres ver salir el sol al este. El monarca tembló, su oro me entregó, y el esclavo de la cárcel en virrey se convirtió.
Ahora levanto los silos en el polvo y la arena, guardando el grano limpio que calmará el hambre y la pena. El imperio está a salvo bajo mi poder, mi primera victoria acaba de nacer.
(Los 7 años de abundancia pasaron como un suspiro… y la profecía se cumplió. El río Nilo es puro polvo, la tierra se ha agrietado y el hambre muerde con rabia el mundo entero. Pero aquí en Egipto, bajo mi mano, los silos están llenos de trigo limpio. Soy el virrey, el hombre más poderoso, y hoy controlo el destino de los vivos y de los muertos).
El sol de la sequía quema toda la región, las almas van marchitas mendigando por una ración. Y yo en mi trono de oro gobernando la nación, viendo el desfile triste bajo la extrema sumisión. El mundo entero clama por un grano de mi fe, sin saber que soy el preso que en la tinto acabé.
De pronto entre la turba que pedía de comer, diez hombres de Canaán se han postrado ante mi ser. Esqueléticos, vencidos, implorando por el grano, ¡Dios bendito, si es mi propia sangre, son mis propios hermanos! No me reconocen con el oro y el disfraz, el Dios de los egipcios los contempla desde su altar.
Tengo el poder supremo de mandarlos ejecutar, de cobrarme la letrina, de apagarles hasta su vida acabar. Son los mismos desechos que me tasaron en plata, los que oyeron mis gritos en el pozo que casi me mata. La venganza me quema, la justicia va a estallar, ¿les devuelvo al mismo pozo o les hago perdonar?
Fuera todos, el peso de esta falsa identidad, salid todos los guardias, dejadnos en la intimidad. El llanto se me escapa, no lo puedo contener, un grito desgarrador que hace al palacio estremecer. Me arranco los ropajes, me limpio el maquillaje, y les miro a la cara para desvelar este ruin ultraje.
Miradme a los ojos, que soy vuestro hermano José, al que vendisteis por miedo, al que no quisisteis creer. No temáis por vuestra vida, no os guardo rencor, que Dios me iluminó en sueños para ser vuestro salvador. Abro todos los graneros, que se acabe ya la pena, recibid este trigo que viene de la gracia plena.
Bajaron las manos, el miedo se marchó, en un abrazo eterno la familia se unió. La morada se llena de una paz que es inmortal, la historia del Génesis ha llegado a su final.
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